CÓMO ES TU PIEL Y CÓMO DEBES CUIDARLA

5 TIPOS DEL PIEL

Puede ser seca, grasa, mixta, normal y sensible. Todas tienen sus particularidades y sus necesidades concretas. Basta observar algunos detalles para reconocerse en una de ellas. 

1.Seca 
Cómo es: Carece de lípidos y, en consecuencia, tiende a estar tirante, incluso a picar. Sus poros suelen estar cerrados y es más propensa a tener arrugas.  
Cómo cuidarla: Su punto débil es la deshidratación; por tanto, deben usarse cremas hidratantes especialmente formuladas para pieles secas, protegerse del sol, beber muchos líquidos y consumir alimentos ricos en agua. Y a partir de los 30, utilizar un tratamiento anti-aging para prevenir la aparición de arrugas.

2.Grasa
Cómo es: Se caracteriza por el exceso de sebo que se traduce en un rostro brillante, con poros abiertos y tendencia a los granitos y puntos negros. 
Cómo cuidarla: La limpieza es clave. Hay que hacerlo con los productos adecuados por la mañana y por la noche y exfoliar el rostro al menos dos veces por semana para eliminar bien las impurezas. Utilizar tratamientos libres de aceites, que minimicen los poros y con un efecto matificante. Y, además, seguir una dieta baja en grasas.

3.Mixta
Cómo es: Este tipo de piel, la más común, es más grasa en la zona T (frente, nariz y barbilla) y entre normal y seca en las mejillas. Así, presenta características de las dos clases de piel anteriores.
Cómo cuidarla: La limpieza también es importante pero debe hacerse con productos más suaves para no irritar las zonas más secas. Utilizar siempre tratamientos indicados para pieles mixtas y prestar especial atención al contorno de los ojos.  

4.Normal
Cómo es: La piel más deseada. Elástica y suave, con poros cerrados, tono rosado y sin imperfecciones. 
Cómo cuidarla: Que sea una piel bonita y saludable no quiere decir que no deba cuidarse porque, para que se mantenga así, también precisa limpieza, hidratación y protección.

5.Sensible
Cómo es: Puede ser seca, grasa o mixta pero, además, sufre reacciones alérgicas –manchas, rojeces, tirantez, descamación, granitos…– ante determinadas cosas o situaciones: productos de todo tipo, el sol, estrés, condiciones atmosféricas, alimentos…
Cómo cuidarla: En primer lugar, es fundamental conocer bien nuestra dermis para no exponerla a factores de riesgo. Y proporcionarle tratamientos especiales que eviten reacciones, le garanticen alivio y refuercen su barrera de protección natural. 

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